Epifanía laboral

Las últimas tres semanas han sido difíciles laboralmente hablando, y eso ha afectado emocionalmente más de lo que creía. No sólo es el agotamiento, sino la impaciencia, el esperar a que el esfuerzo comience a rendir frutos puede ser un poco desesperante.

Sin embargo, esta mañana se me revelaron dos cosas:

  1. Mucho de lo “malo” que me ha pasado en estos días evitó que tomara decisiones peores que me causarían más enredos (un “y si hubiera”, pero mala onda).
  2. Tengo qué hacer sacrificios que me impulsarán hacia adelante.

De alguna manera los errores de juicio que uno comete nos acercan más y más a la madurez y al éxito, si uno tiene la humildad y la apertura de mente (¿o demente?) para orientarlos hacia algo positivo.

Parafraseando a Albert Einstein, es una locura pensar que se obtendrán resultados distintos si se siguen haciendo las mismas cosas. Por tanto, algo tiene que cambiar.

Es muy distinto saber qué se tiene que hacer, que de hecho, ponerse a hacerlo, y cuando escribí el artículo sobre la bicicleta al revés y sus implicaciones en un proceso de cambio, sabía que era cierto, pero ahora entiendo que tengo qué llevarlo a cabo. En aquel artículo hablo de constancia, paciencia y voluntad. Tres cualidades que sé que tengo en mí, pues lo he puesto en práctica en muchas ocasiones. Pero es ahora más que nunca, que debo ser constante, paciente, y mover al mundo con la fuerza imparable de mi voluntad. 

Así es que la providencia, serendipia, casualidad afortunada o como se le quiera llamar, me causó un perjuicio aparente para evitarme problemas mucho mayores. Ahora sólo queda estar a la altura de las circunstancias. 

 

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